¡Alistémonos para el Post-COVID!

En tiempos del SARS-COV-02 o como mundialmente es conocido: COVID-19, todo es caos en el comercio, pánico en los mercados bursátiles, miedo en la población y un sinfín de escenarios apocalípticos. Sin embargo, lo que a las personas se nos olvida, es que después de cada crisis, de cada problema siempre hay vida y muchas oportunidades, al menos eso lo demuestra la historia, ni la peste negra, ni la gripe española lograron exterminar la humanidad.

Ahora bien, hay que decir que este virus llegó para quedarse, para transformarse y volverse una “influenza” más, esto según lo expuesto por la Organización Mundial de la Salud. Al tener este panorama, debemos aprovechar este tiempo de confinamiento para prepararnos al difícil panorama, pero no imposible, que se avecina y más aún, pensar en nuestras debilidades y oportunidades como personas y como sociedad. Debemos acatar las medidas que nos den las autoridades, pues es nuestro deber respetarlas y arroparlas en tiempos de crisis. Y no atacarlas sin mesura y lo peor sin criterio, o por interés propio como lo hacen muchos mal llamados políticos a nivel global. Ya en tiempos más benévolos habrá espacio para el debate sobre estos temas.

Analizando el caso de Colombia, el gobierno nacional ha timoneado la emergencia de salubridad de manera responsable, pensando en lo mejor para los colombianos. Hay que reconocer el esfuerzo y la preparación que se ha tenido para afrontar el escenario más catastrófico, independientemente de si estamos o no de acuerdo con el confinamiento. En mi opinión se ha hecho lo mejor con lo que se tiene (más de 14 billones de pesos colombianos en ayudas económicas, alianzas con el sector privado y académico, adecuación de la planta física de hospitales en tiempo cortos), que no quiere decir que todo sea color rosa, y por el contrario nos falta mucho por mejorar. Contrario a ello –salvo pocos alcaldes y gobernadores–, los gobiernos locales y regionales solo han pensado en beneficios mezquinos, y me refiero a ello cuando alarman sin sentido a la sociedad con confinamientos eternos, o con bravuconadas en los medios de comunicación exigiendo lo que ellos no hacen. Estas diatribas solo buscan entorpecer la gestión del gobierno central, pues al fin y al cabo en la lucha por llegar al poder todo vale, incluso jugar con la dignidad de las personas.

Pero en está columna no solo quiero hablar de la pantomima de estos dirigentes que buscan congraciarse con la gente por réditos electorales –dejando de lado el hacer bien su trabajo–, buscando ensuciar el esfuerzo de los demás para tapar su falta de gestión y su hambre de recursos que tanto critican a sus adversarios. También hay que decir que el presidente en su afán de lograr consensos y de querer gobernar para todos (muy loable de su parte) se le olvidaron los postulados por los cuales fue electo. Me refiero al hecho de no contar con lo más básico que debe tener cualquier gobernante, dirigente, empresario o padre de familia. Y esto no es más ni menos que el principio de autoridad, un concepto tan fundamental que se nos olvida, y que da la solidez necesaria para llevar el barco a buen puerto. Es una característica fundamental en cualquier líder, pero que el presidente no logra transmitir. También es relevante destacar que la tecnocracia se aleja de la realidad de los colombianos porque se esconde en crudos números y no en el verdadero panorama que afrontan los ciudadanos, tema que abordaré en otro momento.

En definitiva, el panorama que debemos afrontar no es nada fácil pero tampoco es imposible, debemos tener conciencia de que el estado no puede asumir todas nuestras obligaciones y deudas, la única forma de salir adelante es trabajar con ahínco, con rectitud y dando lo mejor de nosotros, pues es esto lo que en realidad transforma la sociedad. Por supuesto, debemos apoyar al empresario, a aquellas personas en que cae la responsabilidad de mantener viva y dinámica la economía, aquellos que en tiempos de prosperidad pagan más impuestos para generar bienestar y que en tiempos de crisis asumen todas las culpas o su mayoría. Esta opinión no es un llamado, como lo leí hace poco, a un capitalismo salvaje, sino a un libre mercado justo donde se le de a cada quien lo que le corresponde y lo más importante, una invitación a analizar las cosas con cabeza fría y no a través de cristales opacados por diatribas pseudo intelectuales e ideológicas. Es importante recalcar que nos vamos a enfrentar a un escenario económico difícil donde se tendrán que hacer bastantes sacrificios desde todos los sectores y muy probablemente se van a tomar medidas impopulares pero necesarias. En este instante no me aventuro a mencionar algunas de ellas puesto que no se conoce la realidad a la que nos vamos a enfrentar.

Para cerrar este espacio, quiero expresar mi respeto y apoyo total a aquellas personas, en donde quieran que desarrollen su actividad profesional, que están permitiendo y sin duda lograrán superar esta crisis, pues estoy seguro que en unos meses nos olvidaremos nuevamente de ellos.

© Andres Sandoval Sandoval, 2020 para Educar Emprendedores. Puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.