¡Empleado que aprende, empleado que emprende!

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Quiero empezar esta columna con el resumen de la historia de la vida real de un empresario exitoso: “Al igual que muchas personas que logran alcanzar sus metas, Máximo, tuvo que luchar con una serie de adversidades. Provenía de un hogar del interior del país con recursos limitados para subsistir. Con mucho esfuerzo logró terminar el colegio, y viajó a la capital con el sueño de estudiar ingeniería en la universidad. Para poder cubrir sus necesidades básicas, consiguió un empleo de ayudante en una fábrica, su salario era bajo pero a pesar de eso, acudía a trabajar diariamente con mucho entusiasmo. En una oportunidad, uno de sus compañeros se le acercó para invitarlo a participar en una huelga que estaba organizando el sindicato para exigir aumento salarial. Su respuesta a la invitación fue: Muchas gracias compañero, pero no participaré, estoy muy bien aquí, es muy difícil encontrar un lugar donde me paguen por aprender. Hoy Máximo es un hombre adulto dueño de una gran fábrica de industrias metálicas, cuyos productos se exportan a varios países.”

A pesar de las dificultades que tuvo el protagonista de esta historia, su actitud ante las circunstancias era completamente distinta a la que muchas personas tienen en situaciones parecidas. En vez de enfocarse en los aspectos negativos de su realidad, puso su atención en sacarle provecho futuro a sus circunstancias del presente. Esta manera de pensar es la que distingue a las personas que tienen actitudes emprendedoras. El emprendimiento se muestra en la disposición de las personas para ser productivas en el lugar donde se encuentren. Es por eso que decimos que no se limita a una actividad, todo lo contrario, la acción de emprender es transversal. Este joven aún no iniciaba su actividad empresarial, es más ni siquiera contaba con los recursos para empezar. Pero desde ya, se estaba preparando para cuando tenga las posibilidades de emprender su negocio propio, y como vemos, lo logró y ahora es un empresario de éxito.

Existen empleados que tienen el anhelo de ser independientes, pero se pasan el día quejándose de su jefe, lamentándose porque el salario es insuficiente, que no reciben apoyo de sus compañeros, etc. Tienen una idea errada de lo que significa ser su propio jefe al momento de independizarse. Piensan que es la mejor manera de evadir controles y responsabilidades. Cuando en realidad es al revés, ser empresario implica establecer una disciplina de horario más drástica, en los primeros años no existen vacaciones, y en lo que se refiere a los ingresos no se tiene la seguridad que a fin de mes haya dinero depositado en la cuenta bancaria. Es por eso que la actitud que tenemos ante las circunstancias será fundamental al momento de emprender. Uno puede ir sin ganas al trabajo y quejarse todo el tiempo. O uno puede ir con una disposición de servicio y entrega.

Las personas que quieren iniciar un negocio, tratan de poder acumular todo el conocimiento necesario, para esto se matriculan en todo curso que encuentran, compran libros, asisten a seminarios, participan en concursos de ideas de negocio, se inscriben en programas de incubación de empresas promovidos por universidades y a veces hasta contratan tutores particulares. Algo que es muy bueno, pero muchas veces olvidan que uno de los mejores laboratorios empresariales que tienen a disposición es su propio centro de labores. Es el lugar apropiado para aprender todos los procesos necesarios para emprender, uno puede observar los aciertos y errores ejecutados por uno mismo o por otros para tomarlos en cuenta en un futuro.

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Desde ahora, es tiempo de desarrollar y poner en práctica sus actitudes emprendedoras en el lugar donde se encuentre. Sea productivo y aproveche su tiempo al máximo. Es muy bueno tener el sueño del negocio propio, pero prepárese para eso. Cambie su actitud ante su centro de labores, empiece el día con la disposición de aprender nuevas experiencias, quizás su trabajo sea rutinario, pero eso no le limita a observar cómo funcionan otras áreas. Dedíquele menos tiempo a la queja y no se deje llevar por el síndrome del cumplimiento de horarios. Aproveche el día pensando en la manera cómo podrá aplicar lo aprendido en su propio emprendimiento empresarial. Con esta actitud, gana usted y también ganará su empleador, porque este tipo de mentalidad hará que aumente su productividad y también su valor en el mercado laboral. Quite de su vocabulario y de su mente el concepto que trabaja por un salario, y reemplácelo por la idea que le pagan para aprender, verá los resultados de este cambio. ¡Dios le bendiga!

© Guillermo Cabanillas Holguín. Puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia

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