Entre medialunas y alfajorcitos

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                                           medialunas y alfajores

Se hizo viral y recorrió el mundo el video del niño paraguayo ofreciendo medialunas y alfajorcitos. A pesar de haber derrochado destreza para cerrar una venta, este video despertó el debate en muchos círculos sobre el papel de aquel infante. Algunos con gran entusiasmo aplaudían al pequeño emprendedor, hasta el mismo autor de video expresa su sorpresa y lo premia comprando los productos ofrecidos. Por otro lado, salen otras voces reclamando por qué este niño está trabajando en vez de ir a la escuela.

Al respecto, creo que ambas posturas tienen algo de razón. Por eso deberíamos analizar un poco más la historia que está detrás de este video. No me encuentro en Paraguay, por lo tanto, no puedo indagar de manera certera sobre las circunstancias que llevan a este niño a salir a vender a las calles y con un discurso de venta tan bien trabajado. Pero si quiero destacar, que si esta actividad la viene llevando en paralelo a sus responsabilidades académicas, le doy muchos aplausos, porque más niños con esa actitud requerimos para sacar adelante un país. Estoy en contra de la explotación infantil, al igual como lo estoy al “atar de manos” a un niño con talento para las ventas, y que desde pequeño quiera iniciar un emprendimiento para salir adelante generando ingresos. En este punto, creo debemos dejar de lado el discurso políticamente correcto e impulsar este tipo de prácticas, motivando a los pequeños a hacer las cosas necesarias para formarse en la vida.

El niño del video no está mendigando por una venta, y apelando a la lastima de su potencial comprador. Tiene un mensaje bien elaborado, partiendo por el saludo, pasando por su capacidad persuasiva en la venta (“está a 12,000, pero por ser vos a 10,000”), y cerrando limpiamente la misma con un “Muchas gracias, Dios se lo pague”. Este niño está aprendiendo el valor del trabajo a sus 7 años y estoy seguro que si a esa edad viene logrando esto, al llegar a adulto puede ser ya un gran empresario.

Muchos de los críticos, limitan su discurso al decir: “¡Debería estar en la escuela!”, y creo que esto es motivo de opinión de otra columna. Pero, ¿Qué están haciendo las escuelas? ¿Están formando personas para la vida, o están creando personas que solo se preocupan por aprobar materias? Sin darnos cuenta, el papel del niño de los alfajorcitos es una gran lección para la verdadera escuela de la vida, en un ambiente donde muchos jóvenes tienen vergüenza por iniciar un emprendimiento respaldándose del “qué dirán”.

Leyendo la historia del famoso mexicano Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del mundo, que en varias oportunidades estuvo encabezando la lista, me llamó la atención cuando afirmaba que desde niño le gustaban los negocios y que empezó a invertir a temprana edad. Por este y muchos casos, estoy convencido de la importancia de despertar el espíritu emprendedor en los pequeños, no necesariamente para que sean millonarios, pero sí para que desarrollen una vocación que pueda contribuir de manera directa al desarrollo de la comunidad. Apoyemos a que surja esa generación de pequeños emprendedores, después no nos quejemos del incremento de los NI-NI (que ni trabajan ni estudian).

©Guillermo Cabanillas Holguín, 2016. Puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

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