El virus de la desesperación

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Vemos personas con una silueta esbelta (cuyo resultado en realidad es fruto de años de entrenamiento y disciplina), que salen en anuncios publicitarios mostrando las bondades de productos, que sin mucho esfuerzo ayudan a desarrollar una perfecta figura. Algunos de estos productos dicen ser “pócimas mágicas” que ayudan a disminuir medidas en cuestión de poco tiempo, mediante una simple frotación en el abdomen.

Mucha gente corre desesperada a comprar, buscando una solución rápida a sus problemas de obesidad, creyendo que si compran de inmediato, ese mismo fin de semana van a poder mostrar una imagen renovada a sus amistades, con la esperanza de despertar halagos por donde vayan. Pero lamentablemente, muchas veces el efecto no es conforme a sus expectativas. Al comprar no se percatan que para lograr resultados el producto no es suficiente, y quizás ni siquiera es necesario, porque más depende del tipo de dieta, mucho ejercicio y en casos extremos una intervención quirúrgica. En letras pequeñas los mismos fabricantes se escudan con una frase (que sí es mágica para evitar tener problemas legales): “Este producto no es para diagnosticar, tratar, curar o prevenir ninguna enfermedad”.

Mucho cuidado con aprovecharse del virus de la desesperación, aspiremos siempre a ser vendedores de soluciones reales y no de cuentos.

Me hace recordar a la famosa fábula “la sopa de piedra”, donde la piedra era una excusa perfecta para despertar el interés de los curiosos en probar tan extraño platillo, a cambio de colaborar con un ingrediente para completar la “receta” del suculento potaje. Con este pretexto llegaban las colaboraciones de carne, verduras y condimentos, sin darse cuenta que la piedra en el fondo era innecesaria. La viveza de los cocineros de la “sopa de piedra”, que no eran más que personas desesperadas por alimentarse, y como estrategia habían puesto una enorme olla de hierro en medio de la plaza,  repleta de agua y una piedra en el fondo. Al finalizar la jornada, esta iniciativa hizo que hambrientos e ingenuos disfruten de una deliciosa y sustanciosa sopa. Los primeros riéndose en silencio por haberse salido con la suya (calmar su hambre), y los otros asombrados de haber descubierto que las piedras tienen un “sabor” extraordinario, y que pueden ser parte de los ingredientes para preparar deliciosas comidas. Haciendo una analogía entre la fábula y el producto mencionado al principio. La dieta y el ejercicio, podrían ser equivalentes a la carne, las verduras y los condimentos (los verdaderos ingredientes de la sopa). Y la piedra al igual que el producto, podría ser innecesaria.

A continuación podemos ver la adaptación de esta fábula en una porción del capítulo “El último cuento”, de la famosa serie británica-estadounidense The Storyteller (El narrador de cuentos o el Cuentacuentos), creada, producida y dirigida por Jim Henson (el mismo creador de Los Muppets).

La desesperación de la gente por querer obtener resultados inmediatos, lleva a que algunos emprendedores transgredan la barrera de lo ético, y utilicen estrategias para vender productos, respaldándose de frases para evitar reclamos. Mucho cuidado con aprovecharse del virus de la desesperación, aspiremos siempre a ser vendedores de soluciones reales y no de cuentos. Como dice el dicho: el “remedio” puede ser peor que la “enfermedad”. Y esta puede llegar a carcomer el prestigio de los emprendedores y de paso las billeteras de los clientes.

© Guillermo Cabanillas Holguín, 2015. Puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

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